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INGRAND – 30 AÑOS DE RESISTENCIA SONORA

Desde Hodson Música, nos honra anunciar el inicio de un viaje único: INGRAND 30 AÑOS, un especial editorial y audiovisual que día a día reconstruirá la historia de una de las bandas más emblemáticas del metal nacional.

Durante las próximas semanas recorreremos tres décadas de ruido, memoria y transformación. Rescataremos sus demos fundacionales, anécdotas jamás contadas, archivos ocultos, y testimonios clave para comprender por qué INGRAND no es solo una banda, sino un símbolo de resistencia artística.

📼 Cada publicación será un fragmento del tiempo: desde aquel demo casero grabado en 1995 hasta el presente, donde la banda celebra su legado con una gira nacional, un documental en marcha y la comunidad metalera más fiel del país.

🔥 Acompáñanos en esta travesía.
#Ingrand30Años #ArchivoVivo #TourAutopsia

AUTOPSIA 30

NACIMIENTO DE UNA FUERZA SONORA EN BOGOTÁ

Sin Contrato, Sin Miedo: La Maqueta que Encendió el Metal Colombiano

La ilusión de las palabras... en los ojos siempre un muro.

Ese año, mientras Colombia ardía en contradicciones, surgía INGRAND desde el underground bogotano como una declaración de principios: hacer metal con identidad, potencia y conciencia.
Forjados en los sótanos del rock, con una lírica directa y una estética propia, INGRAND no tardó en consolidarse como uno de los estandartes del metal colombiano en la capital.

🔻Desde ese primer ensayo ya latía un corazón que no ha dejado de rugir.
Hoy recordamos ese origen como se honra a los ancestros: con respeto, con fuego y con memoria.

#Ingrand30Años #ArchivoVivo #HodsonMúsica #MetalColombiano #Desde1995

La ilusión de las palabras... en los ojos siempre un muro.

Sin Contrato, Sin Miedo: La Maqueta que Encendió el Metal Colombiano

La ilusión de las palabras... en los ojos siempre un muro.

Así comenzaba nuestra travesía. 1995. Un ensayo. Una idea. Un grito.
Desde entonces, INGRAND no ha dejado de cuestionar lo aparente, de romper los muros que impone la realidad.

Hoy, 30 años después, ese muro es historia, pero también memoria.
Ese primer verso fue el fuego. El origen. El rugido.

#AutopsiaDeLaEsencia #IngrandArchivoVivo #MetalColombiano

Sin Contrato, Sin Miedo: La Maqueta que Encendió el Metal Colombiano

Sin Contrato, Sin Miedo: La Maqueta que Encendió el Metal Colombiano

Sin Contrato, Sin Miedo: La Maqueta que Encendió el Metal Colombiano

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Voces del Origen: Entre el Silencio y el Grito

Sin Contrato, Sin Miedo: La Maqueta que Encendió el Metal Colombiano

 Antes del eco masivo, hubo un rugido íntimo. Esta imagen une dos momentos fundacionales de INGRAND: su primera formación en 1995 y la portada del demo Sin Palabras (1997), donde regrabaron temas como “Para el Ruido”, que ya eran himnos de garaje.
Esta fue la semilla del legado: riffs grabados en cintas, voces crudas con mensaje social, ideas que se convirtieron en historia.
En ese demo vivía la urgencia de una banda que no tenía sello ni medios, pero sí una necesidad brutal de decir lo que otros callaban. 

En 1995, Para el Ruido nació como un grito urgente contra el silencio impuesto. Una canción que no buscaba complacer, sino despertar.
Años después, ese manifiesto reapareció en el demo Sin Palabras (1997), regrabado con más fuerza, más cuerpo y el mismo espíritu inquebrantable.


🎧 Prepárate para revivir ese rugido original.

👉 El origen sigue resonando. No fue solo una canción… fue el inicio del movimiento.

Escucha : Para el ruido
En una época en la que el ruido era lenguaje y el formato era militancia, Sin Palabras de INGRAND.

Sin Palabras (1996-1997)

El grito de una generación silenciada

En 1996, en medio de un país convulsionado por el miedo, la censura y la desinformación, INGRAND se enfrentó al abismo con un acto de fe: grabar su primer EP. Lo titularon “Sin Palabras”, y con él encontraron una manera feroz de decirlo todo cuando parecía que no quedaba nada por decir.

La grabación fue un paso monumental. Por primera vez, el rugido de la banda quedaba fijado en una producción que, aunque modesta en medios, era gigante en intención. Los cinco integrantes —jóvenes, lúcidos, rabiosos— pusieron cuerpo y alma en un repertorio que mezclaba power, thrash y metal urbano con una honestidad brutal. La lírica escarbaba en heridas personales y sociales: la rabia por la marginalización, la crítica a la ignorancia y al Estado, el dolor del silencio forzado, la necesidad urgente de resistir.

“Me Odio Más”, “No Es Fácil Despertar”, “Para el Ruido”, “El Día de Mi Muerte”... no eran solo canciones. Eran himnos de sobrevivencia en una época donde la juventud era criminalizada y el metal era resistencia. El EP fue grabado de forma autogestionada, circuló en conciertos, a mano, en casetes pasados de uno a otro como reliquias. Y funcionó: INGRAND dejó de ser una promesa para convertirse en una amenaza lírica y sonora en la escena bogotana.

Ese demo, ese EP, ese grito, llegó a oídos de quienes estaban armando el cartel de un festival que nacía como espacio público de expresión y libertad: Rock al Parque. Y en 1997, INGRAND fue convocado por primera vez a ese escenario mítico. La historia cambiaría para siempre. Fue la primera de nueve participaciones históricas en el festival, pero esa presentación inaugural, ese primer rugido en tarima grande, merece un capítulo propio.

Y así será.

Rebobinar para Resistir: El Legado de Sin Palabras

 En una época en la que el ruido era lenguaje y el formato era militancia, Sin Palabras de INGRAND se convirtió en un manifiesto sonoro que no necesitó letras para decirlo todo. Grabado y distribuido en cassette en 1997, este álbum instrumental emergió desde los talleres del metal bogotano como un grito de identidad, una declaración cruda que se resistía a la homogenización del sonido comercial.

Hoy, casi tres décadas después, rebobinamos no solo una cinta, sino la memoria de una escena que creció entre distorsión, autogestión y pasillos de ensayo saturados de cables y voluntad. Este cassette no es solo un objeto: es un testimonio de época. Es resistencia en espiral.

Revisitar Sin Palabras es escuchar el rugido de una ciudad que no callaba aunque no hablara. Y es, sobre todo, entender que la música también se preserva en las huellas del uso: en un cabezal oxidado, en una etiqueta escrita a mano, en el giro mecánico de lo que sigue diciendo aunque no tenga voz.

ESCUCHA SIN PALABRAS

INGRAND ENTRA EN LA HISTORIA DE ROCK AL PARQUE

Sin Palabras

Pero con Furia

Pero con Furia

En el año 1997, Bogotá latía al ritmo de una ciudad convulsa pero sedienta de expresión. Entre la incertidumbre política, la violencia que golpeaba los barrios populares, y una juventud en búsqueda de identidad, emergía una generación musical que no pedía permiso. La furia, el inconformismo y la necesidad de alzar la voz encontraron en Rock al Parque su tribuna natural.

En ese contexto, INGRAND pisa por primera vez el escenario de Rock al Parque. Una banda formada apenas dos años antes, que ya cargaba con un demo legendario (Para el Ruido, 1995) y un primer EP feroz e insoslayable (Sin Palabras, 1996). Con letras directas, riffs demoledores y una presencia escénica visceral, INGRAND se convierte ese año en una de las primeras agrupaciones de metal bogotano en consolidarse dentro del festival gratuito más grande de América Latina.

Rock al Parque 1997 no fue solo una fecha para INGRAND: fue su acto fundacional ante miles de personas. Subieron al escenario del Parque Simón Bolívar con el alma desnuda, conscientes de que allí no solo tocaban por ellos, sino por una escena entera que llevaba años resistiendo en los márgenes, ensayando en garajes, grabando en estudios precarios y soñando con ser escuchada.

Pero con Furia

Pero con Furia

Pero con Furia

 Ese año, el festival se consolidaba como símbolo cultural y resistencia artística en Colombia. En su tercera edición, la curaduría de metal apostó por lo que realmente ardía en el underground, y allí estaba INGRAND: descargando temas como “Para el Ruido”, “Me Odio Más” y “Sin Palabras”, himnos en construcción que resonaban con la angustia y la rebeldía de toda una generación.

La banda no solo dejó una marca indeleble ese día: abrió la puerta a una trayectoria única. INGRAND es, desde entonces, una de las pocas bandas colombianas que ha participado nueve veces en Rock al Parque, consolidando su nombre como una leyenda viva del metal nacional. Pero todo comenzó aquí: con esa primera explosión en 1997, con las guitarras ardiendo, la voz desgarrada de Henry Reina y un público que no volvió a ser el mismo.

Capítulo III – Entre Ruido y Realidad (1997 – 1999)

Crónica de una consolidación anunciada

1997 no fue un año cualquiera. Fue el momento en que el rugido de INGRAND dejó de ser una promesa subterránea para convertirse en un estallido visible. Tras su demo “Para el Ruido” (1995) y el lanzamiento del EP “Sin Palabras” (1996), la banda no solo había ganado presencia en la escena bogotana: había adquirido voz propia, discurso, y una estética definida. El sonido thrash/power de sus inicios evolucionaba hacia una fuerza más visceral, marcada por la crítica social, los cambios de tiempo y una energía que desbordaba los casetes mal grabados para abrirse camino en los escenarios reales.

Rock al Parque 1997, en ese contexto, fue una validación histórica. Frente a miles de personas y bajo el cielo de Bogotá, INGRAND descargó su propuesta con furia y convicción. La inclusión en la programación de un festival que entonces se consolidaba como epicentro del rock latinoamericano, marcó un antes y un después. Fue su primer grito ante el país. Fue la demostración de que el metal colombiano no solo existía, sino que pensaba, resistía, y podía decirlo en su idioma.

Tras esa presentación, la banda entró en un periodo de profunda transformación. Entre 1997 y 1999, INGRAND pasó de ser una agrupación emergente con hambre de escenario, a convertirse en un referente de coherencia artística. Se multiplicaron los conciertos en Bogotá, Medellín y otras ciudades. Comenzaron a compartirse tarimas con nombres clave del metal nacional. Las letras, cada vez más agudas y simbólicas, narraban las tensiones de un país partido por la violencia, la inequidad y la búsqueda de sentido.

Colombia ardía en esos años. El país vivía los coletazos más sangrientos del conflicto interno, los escándalos del Proceso 8000, el desmoronamiento de la institucionalidad y un éxodo emocional de miles de jóvenes hacia la música como única trinchera. En ese marco, canciones como “Sin Palabras”, “Me Odio Más” o “El Día de Mi Muerte” no eran simples ejercicios líricos: eran espejos, eran gritos, eran testamentos.

1998 fue un año de maduración. Aunque no hubo un nuevo disco, la banda continuó tocando, componiendo y redefiniendo su identidad. El sonido se endureció, incorporando matices hardcore, con bases más pesadas y estructuras que rompían con lo previsible. El público crecía. La escena metalera colombiana, aún sin los grandes medios ni el respaldo institucional, encontraba en INGRAND una voz con la que identificarse. Una voz que no pretendía parecerse a nadie, sino resonar desde la calle, desde la herida, desde el pensamiento crítico.


1999 sería el umbral.

En los ensayos, en las presentaciones, en la calle, se comenzaba a gestar lo que sería su primer álbum profesional: “No Hay Doble Realidad”. Pero ese capítulo merece su propio lugar en la historia.

Porque entre 1997 y 1999, lo que INGRAND construyó fue mucho más que música: fue una ética, una comunidad, un compromiso con la verdad sonora en un país que prefería el silencio. En ese umbral entre lo subterráneo y lo profesional, la banda no se vendió ni se rindió. Se forjó.

Y eso, en el metal, es todo.


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